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lunes, 20 de octubre de 2014

"De mi diario...", noticias desde Murcia, 1.905. (II parte)



Día 25 de agosto de 1.905. Algunas mujeres vinieron para que visitara sus casas, o mejor dicho sus patios, que son muy pequeños, pero unos 16 de nosotras lo llenaron. Ciertamente no era un lugar muy agradable para reunirnos, pero todo lo que podía hacerse a través del amor y la limpieza se hizo, incluso colocar una "tira" de alfombra. A través de la ventana pude ver a la pobre "prisionera" (de la que ya habréis leído en anteriores cartas) que estaba mirando a su través y escuchando intencionalmente. Me alegré de poder cantar y hablar de Jesús y Su amor mientras ella escuchaba. Seguramente ella es una prisionera en ambos sentidos, pero muchos están orando para que ella pueda ser libre.

Cada noche las reuniones, aunque no muy numerosas, han sido buenas, especialmente los domingos. Por la tarde teníamos mucha bendición y ayuda mientras estudiábamos Marcos 9, en el que nosotros encontramos tres lecciones especiales.

1) Que para la bendición, no se necesita un lugar o circunstancia especial; solamente "estar con Jesús y oír Su voz" es suficiente. Pedro dijo:"Vamos a hacer tres tabernáculos..." (v. 5).

Dios dice, "Este es mi Amado Hijo; a él oíd" (v.7).

2) Que el poder para el servicio viene solo de la oración y el ayuno (v. 29) (absteniéndonos de todo lo que desagrada a Dios, negándonos a nosotros mismos). Los discípulos no podían echar fuera este espíritu a causa de su incredulidad...

3) El espíritu correcto es necesario entre los creyentes. Cuán "natural" es discutir "¿Quién debería ser el mayor? pero Jesús toma a un niño y les muestra que ellos necesitan un espíritu de humildad, simplicidad y confianza, así que esto en suma muestra lo que necesitamos:

Para el gozo, Su Presencia,

Para el servicio, Su Poder,

Para vivir, Su Espíritu.

"Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas."

 

Lunes 30. En vez de que las mujeres vinieran aquí...

 

(Continuará)

(Jessie Mathews)

 

(Publicado en la revista "Gleanings from Spain", núm 10, octubre de 1.905, traducido del inglés)

lunes, 13 de octubre de 2014

"De mi diario...", noticias desde Murcia, 1.905.



"19 de agosto de 1.905, sábado: llegué aquí con un ayudante español y tuve una cálida bienvenida en todos los sentidos. Los queridos obreros tenían mucho que contarme desde la última vez que los vi, y el fervor espiritual de varios creyentes en la reunión hablaba de cómo el Señor ha hecho su obra en esta oscura ciudad.

El domingo fue un feliz día de cultos, y el lunes, después de un ocupado día, mis dos colaboradores me dejaron al cargo del trabajo mientras ellos buscaban descanso y un cambio de aires, que estamos seguros que el Señor se lo dará, por las muchas oraciones y amorosos deseos que les acompañaron desde estos cariñosos murcianos.

El martes hizo bastante calor, y ¡tuve que batallar contra los mosquitos!

El miércoles, a las 4 de la madrugada, antes del alba, cinco de nosotros nos dispusimos a viajar a un pueblo llamado Fortuna, al cual llegamos a las 8 de la mañana, y encontramos un bonito y amplio salón con pequeñas habitaciones. Pero a pesar de un paseo encantador, la Naturaleza no pudo aguantar más, y nos vimos obligados a tomar refugio en una siesta, tan pronto como el lugar estuvo listo. ¡Qué sueño tan reparador! cuando las cosas parecen peor, gracias a un poco de descanso, los asuntos se vuelven con un aspecto más alegre, y así fue con nosotros. Después de una cena improvisada leímos de la maravillosa provisión de Dios para su siervo (1º Reyes 17); estas pruebas fueron sin duda preparación para alguna utilidad futura.

A las 5 de la tarde, una pandilla de niños vinieron, y tuvimos una pequeña reunión, después de la cual fuimos a echar un vistazo por los alrededores y así visitar a nuestros vecinos: primero de todo, en la posada principal conocimos al doctor del pueblo; después la casa de un rico propietario, quien nos mostró gran amabilidad, y desde luego, tuvimos que ver y admirar cada habitación de su bonita casa de campo; después nos dirigimos al gran almacén de almendras, donde fueron muy amables y corteses, pero uno podía ver que el lugar es apropiadamente llamado Fortuna, ya que todos parecen estar empeñados en ganar dinero. Todos asentían que el Evangelio era lo que querían, pero "los cuidados de esta vida..." De todas formas, la mayoría de los jefes vinieron por la noche a la reunión. Unas 200 personas estuvieron presentes, pero el ruido de fuera y el movimiento de dentro la hizo difícil. Uno tras otro los hermanos hablaron; pero no era muy alentador cuando escuchaban, "Ah, si sólo hablaras más claro, y nos dijeras que tenemos que hacer y que significa todo eso, entonces nos convertiríamos;" por otro lado, fue agradable escuchar a un robusto trabajador decir, "vine la semana pasada y me encontré las puertas cerradas, y estuve muy disgustado, porque yo no vengo por los folletos, vengo porque me gustan las reuniones; no quiero fiestas ni diversiones."

El jueves por la mañana a las 4 ya estábamos de nuevo en la carretera hacia casa. ¡Oh, qué lujo nuestra pequeña casa de misión con su té, baño y descanso! seguramente muchos de nosotros somos ¡muy naturales y terrenales en nuestros deseos! pero el gozo de su servicio nos anima por encima de todos los pequeños inconvenientes, ya que es tal el privilegio de llevar las buenas nuevas a otros. Quiera el Señor hacernos reales y salir para su servicio.

Unos pocos vienen a la oración cada mañana de 8.30 a 9.30. Algunas veces los trabajadores apartan una hora para estar presentes, y el Señor nos da un buen tiempo de oración, alabanza y lectura.

Día 25. Algunas mujeres vinieron...

 

(Continuará)

(Jessie Mathews)

 

(Publicado en la revista "Gleanings from Spain", núm 10, octubre de 1.905, traducido del inglés)

lunes, 17 de marzo de 2014

Noticias desde Murcia (II parte), Agosto de 1.905




"...Aquí en la ciudad hay también mucho por lo que estar animados. El número de reuniones se ha reducido debido al gran calor, pero algunos de aquellos que han ido asistiendo a las reuniones desde el principio han tomado definitivamente una posición del lado del Señor. Son despreciados por muchos de sus vecinos y amigos, pero están siendo respetados, y están muy felices por el nuevo gozo encontrado.

Un hombre y su esposa eran unos católico romanos muy estrictos, y realmente muy buenas personas. Cuando una vecina le pidió a la mujer venir a una reunión, ella respondió, "No, ni aunque me dieras cinco dólares entraría en esa casa". Ahora los dos se regocijan en el Señor Jesús como su propio Salvador personal.

Hace unos días el padre llamó a sus hijos alrededor de él, y sacando su Nuevo Testamento del bolsillo, dijo, "Esto es lo que quiero que todos sigáis un día. Desearía que no volvierais a entrar a una iglesia católica de nuevo. ¿Quién habría pensado que llegaría un día en el que os pidiera no entrar allí?; pero el día ha llegado, y lo que quiero es que aprendáis de este Libro y sigáis sus enseñanzas".

Este hombre y su esposa están sufriendo mucho de sus familiares. Todos son muy fanáticos, y miran a esta pareja como si estuvieran condenados, y enseñan a sus sobrinos y sobrinas a despreciarlos. Ellos encuentran esto muy difícil de soportar, porque antes los respetaban.

Otro pareja casada fueron amenazados con ser echados de su casa, pero no pudieron porque ellos siempre habían pagado su alquiler y no había quejas contra ellos.

Como contraste a todo esto mencionaré que la escuela abierta por los frailes en oposición a nosotros, ha sido cerrada.

Hubo mucho jaleo, pero en vez de tener el efecto deseado de hacernos mudarnos, molestó tanto a los vecinos de enfrente que ellos tuvieron que irse.

 

Reuniones de mujeres.

Las celebramos los lunes por la tarde. Muy pocas asisten, porque muchas tienen miedo de ser vistas viniendo a la casa. Pero aquellas que vienen están ansiosas por aprender más.

El viernes por la tarde una pequeña reunión se celebra en una de sus casas. Otras viviendo en la misma calle se animan a venir. Algunas traen sus tareas y así no pierden el tiempo.

Una tarde nos pidieron celebrar la reunión en un pequeño patio en la parte de atrás de una casa. La razón que nos dieron fue que una joven que había sido monja, y que había expresado el deseo de oír el evangelio, tuviera la oportunidad de hacerlo.

Esta joven tenía una historia muy triste. Entró en un convento saludable y fuerte, pero después de tres años allí regresó muy enferma a su casa. Se iba recuperando pero no del todo, porque no estaba bien de los nervios. No tenía libertad ni felicidad. Su madre, que es muy rica, casi la deja morir de hambre, y para conseguir comprar las medicinas, esta joven tiene ahora que trabajar duro haciendo gorritos para bebés para ganar 5 d. al día. Al haber oído a las vecinas cantar esas palabras tan bonitas sintió que eran la verdad, y estaba deseosa de oír más; así que ahora cada semana ella escucha el mensaje del evangelio desde detrás de una pequeña ventana en el muro que linda con el patio.

¡Oh, el horror de los católicos, y el horrible estado de muchas almas en esclavitud!. La madre de esta joven está constantemente dando dinero a monjas y frailes que piden limosna. Le dice a su hija que cuando muera le dará un gran funeral, muy caro. Entonces todos hablarán de ella, y eso será una "buena obra". Mientras tanto su hija está muriendo de hambre y negligencia, porque su madre está enfadada con ella por haber regresado del convento.

¿Está la madre satisfecha con su religión? No, el otro día dijo, "No creo en Dios, ni en la iglesia, ni en nada, Satanás me tiene en sus garras".

Oro para que la hija pueda creer y así encuentre descanso. Que ella venga a Jesús ahora y acepte la Salvación como un regalo gratuito.

Alabamos a Dios por el privilegio que nos da de servirle en este país. Seguramente uno de los resultados del Avivamiento será que muchos más servirán al Señor donde él quiera. No lo posterguéis queridos amigos porque "el tiempo es corto".

Suya en su servicio,

Annie E. Vaughan"
 

(Publicado en la revista "Gleanings from Spain", núm 9, septiembre de 1.905, traducido del inglés)

martes, 11 de marzo de 2014

Noticias desde Murcia, Agosto de 1.905




Annie E. Vaughan escribe:

 
"Queridos amigos, os alegrará oír que el Señor ha dado una puerta abierta en un pueblo grande de esta provincia. El nombre del pueblo es "Fortuna".

Oímos de él hace unas semanas como un pueblo abierto al evangelio. Así que una mañana nos propusimos hacer una amigable visita, y ver a un hombre que era propietario de una salón adecuado para las reuniones. Nos dijeron que estaría dispuesto a dejárnoslo para este propósito. Fuimos muy amablemente recibidos en el hostal del pueblo, y encontramos que la información era cierta, así que solicitamos el salón e hicimos los arreglos necesarios. Estábamos muy agradecidos de encontrarnos en un ambiente tan amigable. No siempre es así, ni siquiera en las carreteras del país cerca de los pueblos. Hace unos días uno de los obreros españoles recibió un fuerte golpe en una mano por una pieza de metal que se le arrojó. Muchos de los que podrían ser amigables tienen miedo de mostrarlo.

Pero regresemos a Fortuna. Sobre quince días después de la primera visita regresamos de nuevo. Esperábamos empezar temprano en la mañana, pero nos fue imposible, y así que tuvimos que esperar e ir en el frío de la tarde. Llegamos antes de las ocho, y al entrar en el pueblo vimos un gran grupo de hombres, mujeres y niños a la puerta de la iglesia. Sus caras eran tan solemnes que era imposible decir si eso significaba que eran amigables o no. Rodearon la caravana y nos siguieron hasta el salón, pero no hubo gritos ni nos arrojaron piedras así supimos que la mayoría eran amigables. Supimos después que los curas habían alertado a la gente contra nosotros, diciéndoles que una imagen del Señor Jesús y otra de la Virgen sería colocada en el suelo, y que les pediríamos pisarlas, etc., etc. Una nota también había sido puesta en la puerta, diciendo, que si no dejábamos a la gente de Fortuna en paz, seríamos tratados peor que en Molina, y no podríamos desplazarnos de un lugar a otro, y concluía con la expresión, "muerte para todos vosotros".

La reunión estaba para empezar a las 9 en punto, así que textos y lámparas fueron preparados y la gente empezó a llegar. Algunos de ellos caminaron alrededor de la pared con los textos, y los copiaron en trozos de papel. Los himnos fueron cantados mientras otros iban llegando y pronto el salón estaba lleno. Había sentados unos ciento veinte, pero debía haber unos doscientos o más de pie, y la calle estaba llena también.

La gente, aunque cansada de lo que no les trae paz o descanso, no son incrédulas, y están deseosos de escuchar la verdad. Al final de la reunión algunos compraron himnarios, y algunos pocos Biblias y Nuevos Testamentos.

A la siguiente semana los colaboradores españoles fueron para celebrar la reunión. Los curas habían trabajado duro, y el pueblo estaba dividido. Unos eran partidarios de los curas, los otros (la mayoría) por el Evangelio. Algunos dijeron, "¿por qué tantas procesiones y cultos? si son necesarios, ¿por qué no los teníamos antes?" Esa misma tarde una procesión dio la vuelta al pueblo, y sobre las nueve de la noche otra. La hora de abrir el salón llegó, pero sólo unas doce personas entraron; el resto permaneció fuera en una plaza abierta. Los curas empezaron con sus gritos de "Muerte a los protestantes", etc., algunos de las personas respondían en contestación de acuerdo a la frase dicha. Luego la banda empezó a tocar, y de nuevo más gritos se oyeron.

Nuestros amigos dentro se preguntaban qué hacer. El ruido y la confusión era tan grande que apenas si podían escuchar las voces los unos de los otros, y eso a pesar de los pocos que habían entrado. De todas formas, decidieron empezar la reunión, y uno de ellos empezó a orar. En ese momento el ruido de afuera cesó, y la gente se dispersó.

El alcalde había enviado a los guardias civiles a restaurar el orden y a dispersar a la multitud; así que el cura y sus seguidores tuvieron que regresar de vuelta a la iglesia, y lo que el enemigo quería que fuese un disturbio se convirtió en una tranquilidad como nunca.

Los guardias estuvieron toda la tarde para guardar la puerta, y un largo culto tuvo lugar. Nuestros amigos regresaron llenos de gozo, porque el Señor le había dado la Victoria.

El pasado miércoles hubo unos trescientos adultos presentes, y algunos estuvieron escuchando desde la calle.

Deseamos que nuestros lectores se unan con nosotros en alabanza a Dios por esta puerta abierta, y oramos que el Señor pueda preparar muchos corazones no solo para oír la Palabra, sino para recibirle a Él como su Salvador personal.

Aquí en la ciudad..."

 

(Continuará)

 

(Publicado en la revista "Gleanings from Spain", núm 9, septiembre de 1.905, traducido del inglés)