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miércoles, 26 de junio de 2013

3ª Etapa de la iglesia del Señor en Lavadores (Vigo, redactado en 1.976, fin de la serie)


3ª Etapa:

En esta fecha, ya éramos 53 miembros en comunión, más unos 35 que eran niños, jóvenes y familiares congregantes, que de esta manera formábamos cerca de los cien, los cuales, sabiendo la responsabilidad y los deberes que a cada uno nos tocaba, nos hemos puesto a trabajar: a) para edificar espiritualmente la iglesia, con la sana doctrina y todo el consejo de Dios; b) para edificar seguir adelante con la proclamación del Evangelio y ganar almas para Cristo, y c) para ir amortizando la deuda que habíamos contraído mediante los préstamos de dinero para la construcción del nuevo edificio. Y así, teniendo estos tres puntos delante de nosotros y reclamando la ayuda del Señor, nos enfrentamos con esta 3ª etapa de la vida de esta iglesia. El diablo no ha cesado de "arrojar sus dardos" sobre las heredades del Señor, pero en todo momento hemos notado la presencia de Aquel que todo lo puede, y que permanece fiel al lado de sus siervos para ayudarles a llevar "la carga".
En el año 1.966, eran promovidos a las glorias del Señor sus siervos doña Elena y don Edmundo Woodford, que como queda dicho había servido al Señor y a la iglesia, en calle General Aranda, 25, desde el año 1.938; estos siervos de Dios han realizado una labor muy constructiva en Vigo, ya que don Edmundo era siempre muy dinámico en todas las facetas de la Obra del Señor, pues en lo que respecta a la Obra en esta zona de Lavadores, nosotros le debemos mucho a estos siervos, ya que tanto sus consejos, como su ayuda moral y espiritual, siempre eran muy oportunos; todos los hermanos en Vigo, como fuera de esta ciudad (ya que don Edmundo era además de pastor un auténtico misionero), así de esta manera era conocido y estimado en toda España, a los cuales tenemos todos mucho que imitarles, todos estamos muy agradecidos al Señor por haberles enviado a nosotros y poder disfrutar de su ministerio por más de 46 años aquí en Galicia.
Estamos en 1.976 y durante estos once años transcurridos de esta tercera etapa en nuestra iglesia, ha habido sus "altibajos", nuevas almas han sido alcanzadas para Cristo, algunos hermanos se han ido al extranjero, otros militan en Iglesias hermanas; también algunos ya fueron llamados por nuestro Redentor para gozar de sus "moradas eternas con Él". También hemos recibido a otros que han venido de iglesias vecinas, y así, en la actualidad, podemos contar con 73 miembros comulgantes y 60 congregantes. Nuestras actividades son las normales de una iglesia local; los domingos tenemos, a las 10 horas, "la mesa del Señor". A las 12, Escuela Dominical y a las 6 de la tarde, proclamación del Evangelio; los lunes, a las 8, culto de oración; los miércoles, también a las 8, ministerio y enseñanza de la Palabra de Dios para creyentes; el grupo de señoras se reúne cada quince días para celebrar su culto de oración, y cada jueves para realizar sus visitas domiciliarias a enfermos, etc. La juventud también tiene su actividad propia; en esta iglesia se edita una revista trimestral multicopiada, "El sembrador cristiano", que, de momento es la única en nuestros medios aquí en las iglesias de Galicia. En cuanto a la evangelización, estamos haciendo todo lo que el Señor nos concede; el año pasado y en colaboración con "Evangelismo en Acción", se han realizado por toda esta zona más de 300 encuestas sobre Jesucristo, muchos nos dieron su dirección para recibir el disco y el curso bíblico, luego hemos visitado a algunos de aquellos que vimos más interesados, pero su interés por las cosas de "arriba" ha sido muy pobre, ya que la confusión de diversas sectas que existen en esta ciudad lo eclipsa todo. También se ha "sembrado" con tratados y literatura bíblica, por varias veces, todos los barrios y aldeas y calles del contorno de la ciudad, pero hasta ahora poco fruto se ha visto de esta labor.
Aquí, en Vigo somos tres iglesias hermanas, y entre las tres seremos unos 300 creyentes. La ciudad tiene unos 250.000 habitantes, así que aún no somos un 3 por 1.000, pero creemos que mucho más podríamos hacer si en realidad hubiera más espiritualidad en las vidas de los creyentes.
Y ahora, pensando algo en cuanto al futuro, y sobre todo en estos 25 años que restan de este siglo, ¿qué diremos? Pues que el Señor tiene un propósito para la Iglesia, ya que de otra manera ya la tendría con Él en el cielo; y el propósito es que todavía no está completado el número de sus redimidos, y Él nos tiene a nosotros aquí en la tierra para usarnos en este ministerio; sabemos que los días son malos, pero ¿cuándo fueron buenos? Yo creo, amados hermanos, que no podemos alegar excusa alguna para hablar de Cristo a toda criatura; libertad tenemos la que queremos, nadie nos impide predicar el Evangelio, lo que hace falta es que lo hagamos menos con nuestra boca y sí más con nuestro testimonio y con nuestras vidas, ya que la gente lo que quiere es ver y no tanto oír.
 

(Fin de la serie)

(Redacción: Josué González)

(Publicado en la revista "Edificación Cristiana", año 1.976, Núm 4)

 

martes, 18 de junio de 2013

2ª Etapa de la iglesia del Señor en Lavadores (Redactado en 1.976, III Parte).


 
Como queda dicho, una vez que la nueva iglesia se ha establecido en esta zona (pues éramos unos 30 miembros en comunión), no solamente nuestra misión era la evangelización y edificación del pueblo del Señor, sino que también el Señor nos dio el interés de ir a la adquisición de un nuevo edificio; para ello, teníamos que comprar el terreno y luego llevar a cabo la edificación del mismo.
Cada vez, el lugar que disponíamos se quedaba más pequeño; nuevas almas eran añadidas a la iglesia, y, por otra parte, los niños que el Señor iba dando a los matrimonios creyentes nos hacían "apretujarnos" más cada día y sentirnos más responsables de una Obra que realmente el Maestro había puesto en nuestras humildes manos; a esto se añadía las malas condiciones higiénicas (pues no teníamos ningún servicio de aseo, etc.) y ya veíamos que nos era "violento" invitar a nuestras amistades a escuchar el Evangelio.
En estas condiciones, nos pusimos todos a trabajar y a orar, cada cual "granjeaba su talento", se escribieron cartas a hermanos en España y en el extranjero, los hermanos en calle G. Aranda también estaban respaldándonos con toda la ayuda que podían y el Señor se manifestaba a nuestro favor, pues a modo de anécdota diremos que un señor que vino del extranjero un día llamó a don Edmundo para regalarle unos terrenos que poseía como herencia de sus padres, en San Pedro de Sórdoma (aldea donde en el año 33 don Tomás Berkley había predicado en aquel salón el Evangelio). Así estos terrenos se vendieron y ya dieron para la adquisición del lugar donde se había de construir el nuevo edificio.
De esta manera llegamos al año 1958; el Señor nos había ayudado y ya teníamos algún dinero para comenzar las obras, antes de comenzar éstas, era menester llevar a cabo un destierro de los terrenos donde se iba a emplazar dicho edificio; todos trabajamos con pico y pala para ahorrarnos los gastos que este capítulo supondría, y así se comenzaron dichas obras.
En 1.960 quedó terminada la planta baja, y el piso se iría arreglando conforme a las posibilidades; este edificio quedó instalado en Camino de Fermín, núm. 3, Barreiro, más conocido por avenida Ramón Nieto, núm. 350, interior, Lavadores-Vigo. Una vez construido el edificio, estuvimos pensando pedir el correspondiente permiso para trasladar la iglesia a dicho lugar, y como el "ambiente" era hostil, un siervo del Señor, don Mariano San León, nos sugirió que hiciéramos una comunicación al Gobierno Civil de que: "a partir de la fecha X, la Iglesia Evangélica que se reúne en calle Severino Cobas, núm. 58, con permiso gubernativo número X se reunirá en Camino Fermín, núm. 3, para celebrar sus cultos y actividades propias de dicha Iglesia"...  Y después de llegar a las fecha señalada en dicho comunicado nos fuimos al nuevo local pero después de estar allí por dos domingos, el señor gobernador comunicó a don Edmundo "que si no nos habíamos reunido en el nuevo local, que no lo hiciéramos, pues no era cosa de comunicar, sino de pedir permiso...".
Con toda la humildad que caracteriza a los hijos de Dios, nos volvimos de nuevo al antiguo local (ya que no lo habíamos entregado a su dueña), y entonces pedimos el correspondiente permiso gubernativo al cual no nos han contestado hasta dos años más tarde, diciéndonos que nos era "denegado" dicho permiso y que teníamos que buscar otro emplazamiento, puesto que esta zona es declarada "zona militar".
Por aquella fecha, estaba entre nosotros el siervo del Señor don Eric Bermejo (hoy en Valladolid), el cual nos dijo que en su nombre, y como sin saber nada del permiso anterior, iba a pedirlo nuevamente al señor gobernador; y cuál no sería nuestra sorpresa, que a las tres semanas nos vino aprobado el deseado permiso. Alabando y glorificando al Señor de nuestras vidas, nos fuimos definitivamente para establecernos en dicho lugar, era en el año 1.965.
 

3ª Etapa...

 

(Continuará)

(Redacción: Josué González)

(Publicado en la revista "Edificación Cristiana", año 1.976, Núm 4)

 Foto: local de la iglesia en Lavadores

miércoles, 29 de mayo de 2013

Albores de la Obra del Señor en Vigo (Redactado en 1.976, II parte).


1ª Etapa de la iglesia del Señor en Lavadores.

En el año 1.919, llegó a Marín (Pontevedra) don Edmundo Woodford, el cual había nacido en Londres en 1.881; después de once años ayudando a los señores Turrall, conoció a doña Elena, casándose con ella en 1.922 en dicha villa de Marín; luego estos amados siervos del Señor se fueron a servir a su Señor a las aldeas de Taboadela, Calvos de Bande, etc., en la provincia de Orense. Finalizada la guerra civil en 1.938 se establecieron en Vigo, donde el Señor les bendijo grandemente en la Iglesia de Aranda, 31.
Todos los creyentes de la zona de Lavadores seguíamos formando una sola iglesia en calle G. Aranda; por esta fecha, 1.942, la dueña del antiguo local en Severino Cobas, 58, le "rogó" a don Edmundo que le volviera a alquilar el bajito de su casa, el cual fue nuevamente alquilado y acondicionado para celebrar un culto semanal, manteniendo de esta manera el testimonio público con el correspondiente permiso gubernativo; dicho culto se hacía los miércoles de cada semana, y así llegamos al año 1.953, cuando los ancianos y don Edmundo, juntamente con toda la iglesia, vieron la necesidad de que todos los hermanos que residíamos en esta zona de Lavadores pasáramos de "Anexo" a establecernos como iglesia local, para la gloria del Señor, y al mismo tiempo a todos nos era más cómodo porque no teníamos que desplazarnos unos tres kilómetros (pues esa es la distancia que habrá entre Lavadores y G. Aranda).

2ª Etapa...

(Continuará)
(Redacción: Josué González)
(Publicado en la revista "Edificación Cristiana", año 1.976, Núm 4)


lunes, 20 de mayo de 2013

Albores de la Obra del Señor en Vigo (Redactado en 1.976).


 
"La obra del Señor aquí, en Vigo, data ya de los principios de este siglo; pues allá por el año 1.910 llegaron a Galicia un grupo de hombres de Dios que han sido los primeros "pioneros" que abrieron los surcos en esta tierra gallega, la cual estaba "reseca y dura" por el desconocimiento de Dios y el evangelio de Su Gracia. Uno de dichos pioneros (además de otros que trabajaron en otros pueblos) se llamaba don Tomás Berkley, con su esposa doña María; estos abnegados siervos de Dios, juntamente con algunos creyentes que ya había en Vigo, fueron los que edificaron la Capilla Evangélica en la calle Pi y Margall (hoy General Aranda, 25), la iglesia iba creciendo por la fidelidad de aquellos que habían encontrado en Cristo a un Salvador perfecto y eterno que a la vez llenaba por completo los corazones y las almas de todos aquellos que le aceptaban y le seguían para servirle con gozo y con honra; ya que el testimonio evangélico siempre ha sido muy notable en esta ciudad, pues realmente los siervos del Señor que al principio vinieron a Galicia no solamente han entregado una doctrina sana y santa, sino que "han enseñado todo el consejo de Dios".
Este siervo de Dios, don Tomás, tuvo la visión de extender el Evangelio por las afueras de la ciudad, y muy en seguida se abrió Obra en San Vicente de Trasmañó, Morgadanes, Oleiros, San Pedro de Sárdoma y Lavadores, etc.
Allí, en Sárdoma, los vecinos vinieron a buscar a don Tomás para que fuera a dicha Aldea a predicarles el Evangelio (pues se habían enfadado con el cura) y para ello prepararon el Salón "La Aurora de Sárdoma" (era un salón vecinal), luego, a los pocos meses, harían las "paces" con el cura y todo quedaba sin efecto; sin embargo, aquellos buenos vecinos han puesto los bancos que habían construido para dicho salón a la disposición de don Tomás. Allá por el año 1.933, don Tomás, juntamente con los hermanos de calle Pi y Margall, 31, se acercaron a la zona de Lavadores y comenzaron a predicar el Evangelio al aire libre en los barrios y en las eras.
El Señor ha bendecido la "semilla" de Su santa Palabra, y varios vecinos aceptaron el Evangelio de la gracia de Dios; luego ya se predicaba no solamente al aire libre, sino que había buenas oportunidades de visitar en las casas aquellos familiares de los nuevos convertidos, a los cuales se le testificaba del grande amor del Señor.
Cuando ya había un buen grupo de creyentes en esta zona, don Tomás alquiló un bajo de una casita, se acondicionó un poquito, y una vez por semana se tenía un culto de evangelización; muchos se burlaban, "pero el Señor seguía añadiendo a la Iglesia a los que se salvaban". Luego se hicieron cultos también el domingo hasta que al estallar el Movimiento quedó clausurado este local. Pero todos los creyentes siguieron con el testimonio en la calle G. Aranda, 31. En el año 1.938, era promovido a la casa del Padre, en Inglaterra, don Tomás Berkley, y después, en el año 1.940, lo sería doña María, la cual ha sido sepultada en San Vicente, después de servir al Señor cuarenta años en España.
 
(Continuará)
 
(Redactado por Josué González y publicado en la revista "Edificación Cristiana", núm 4, año 1.976)
 Foto: don Tomás Berkley

lunes, 6 de mayo de 2013

Comienzo de la obra evangélica (AA.HH) en Perlio. Fene (Prov. de La Coruña)



Hace unos años que nuestro amado hermano don Ramiro Vázquez Rivas reside en Perlío, con su señora, hijos y nietos. También los tiene en Ares, en donde su obra para el Señor y el servicio al pueblo de Dios es motivo de constante agradecimiento. Pero en Perlío, después de reuniones regulares en casa, acaba de inaugurar en el mes corriente de mayo un local adjunto a su casa, expresamente preparado para atraer a los vecinos. Oremos que esta obra traiga bendición a las almas. La industria de los astilleros y el afán de esta vida produce mucho materialismo en aquel pueblo. ¡Cuán importante, pues, es el privilegio de ser “Sal de la tierra” y “Luz del mundo”!
En conclusión, al elevar a Dios nuestro ¡EBENECER!, recordemos lo que nos manda el Señor de la mies: “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lc 21:36). “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20)

(Publicado por Jorge de M. Davis en “Edificación Cristiana”, año 1.977, núm.  5)

martes, 30 de abril de 2013

Comienzo de la obra evangélica (AA.HH) en Soaserra (La Coruña) 1.928



"Por el año 1.928 algunos vecinos de este pueblo, en las alturas de la Sierra, decidieron que no era necesario seguir pagando ciertos foros a la Iglesia Parroquial. Al consultar la Ley sobre esta cuestión, se les indicó, casi en broma, que el único remedio de eximirse de esta carga, sería que se hiciesen “Protestantes”.
Buscaron, por tanto, a mi padre en El Ferrol, pero estaba ausente. De manera que recibiendo noticias de la obra evangélica en Ares, pronto visitaron allí a don Arturo Ginnings, quien no tardó en subir a Soaserra para predicar y enseñar el Evangelio. Así que por la gracia de Dios se convirtieron de todo corazón al Señor algunos de aquellos labradores. Uno de éstos acondicionó su pajar, a falta de local propio para capilla evangélica y para predicar al público. El Pajar se utiliza hasta esta fecha, en 1.977, pero al escribir estas líneas, ya se está construyendo activamente una capilla amplia y moderna.
Hubo, como siempre, persecuciones y tiempos difíciles. El problema de la falta de cementerio de disidentes se enfrentó mediante el esfuerzo y sacrificios del pequeño grupo de creyentes. Dieron terreno, y construyeron un cementerio que atrae la vista, en unja carretera importante. El pueblo de Dios en Soaserra siguió fielmente y creció, siendo visitado constantemente, no sólo desde Ares, sino también desde El Ferrol. De aquí subían con frecuencia los domingos don Ángel Fernández con alguno de sus hijos, andando y volviendo en el mismo día, cruzando la Ría de El Ferrol.
El testimonio en Maniños y Cardeita (Cabañas) ha sido el resultado de la fe de hermanos de Soaserra, que cuando se casaron abrieron sus casas en aquellos lugares en esa época, para que allí también sus vecinos conociesen las Buenas Nuevas. En ambos sitios hubo bendición, y hoy disfrutan de capillas propias, levantadas con mucho sacrificio y con amor al Señor."

(Publicado por Jorge de M. Davis en “Edificación Cristiana”, año 1.977, núm.  5)

martes, 23 de abril de 2013

Comienzo de la obra evangélica (AA. HH.) en Ares (Prov. de La Coruña) 1.916



“Dos años antes de arraigar el Evangelio en la Villa de Ares, ocurrió un incidente desagradable, cuando el oficial don Manuel Jordán y mi padre, don Jorge Davis, fueron rechazados a pedradas, al intentar distribuir allí unos tratados. Pero en mayo de 1916 escribe mi padre en una revista: “Hace algún tiempo que en Ares (al otro lado de la ría y después de una hora a pie) hay buena gana de recibir tratados. Don Enrique Payne (de La Coruña) y yo hemos estado considerando mucho que debemos empezar obra allí, y hemos pedido en Marín que oren por nosotros”. Ahora sucedió en Ares que los feligreses se opusieron al cura párroco por una cuestión de terrenos. Un señor escribió en LA HOJA DE ARES que no se preocupase más el señor cura, porque los aresanos habían mandado por el “Pastor protestante” de El Ferrol. Leyeron esto con sorpresa don Manuel y mi padre, pero enseguida fueron andando a ARES. Al verles aproximarse por el camino, los labradores les dijeron alegres: ¡Vivan los Protestantes! y saludos.
Después de varias visitas en busca de un local para predicar, escribió don Jorge como sigue: “En vista del local tan bueno que se nos ofreció en Ares, el pasado viernes, acompañado de don Arturo Ginnings, presenté el aviso legal para el Sr. Alcalde, a su secretario. Pasó casi dos horas consultando sus libros, y nos entregó el duplicado sellado. Mucha oración se ha hecho en El Ferrol y en otras iglesias, y alabamos a Dios que nos ha oído.”
“En la mañana del domingo 21 de mayo nos juntamos en Ares don Enrique Payne y don Arturo Ginnings conmigo. Por toda la comarca estaban enterados, y a las 4 de la tarde principiamos la reunión. Rápidamente y con quietud se llenó el local de gente, 600 a 700 personas, y diez creyentes de El Ferrol, que ayudaron mucho en los cánticos. El Señor nos ayudó grandemente al predicar la maravillosa gracia de Dios para con los pecadores. Todos escuchaban con tal atención se nos hacía fácil anunciar la historia de la Redención.” Sigue diciendo mi padre: “Muchos de los presentes eran de los pueblos cercanos, a pesar de una feria no lejos en otro pueblo (Puentedeume). Al anochecer, otra buena reunión, con unos 400 presentes. Don Arturo quedará quince días, y después vendrán más hermanos para ayudar. Hemos alquilado casa y traeré camas, etc, desde El Ferrol, y don Enrique más cosas desde La Coruña. Seguimos con cultos todas las noches. Anoche bastante más de 300 asistieron.  Agradecemos vuestras oraciones.”
En agosto relata don Arturo: “Vuelvo a estar en Ares, esta vez con mi querida esposa y los niños. Pasan de veinte los que han profesado fe. Ares depende casi totalmente de la pesca de la sardina, y hace cinco o seis años que ésta ha faltado casi del todo. Pero en la misericordia de Dios este verano se ha pescado con abundancia, y todavía llega más. Claro que los aresanos dicen que han venido las sardinas con el Evangelio. Damos gracias a Dios que así Le reconocen en las cosas temporales. Los dueños de la tarrafa han tenido la amabilidad de informarnos que podemos seguir utilizándola hasta diciembre.”
El primer entierro evangélico sucedió cuando una señora que asistía a los cultos murió repentinamente. El cura le había negado el “viático”, pero no había todavía cementerio civil. En La Coruña, don Enrique Payne obtuvo permiso del Sr. Gobernador para que se autorizase el sepelio en una parcela de tierra que hasta entonces se les había sido negado a algunos señores de Ares, lo cual fue motivo de grande satisfacción. El cortejo fúnebre fue inmenso, y don Jorge Condé (de Santo Tomé) predicó a una grande multitud en el cementerio, o sea, donde éste había de construirse. Luego se construyó por los creyentes de la Villa de Ares el cementerio dignísimo que durante tantos años ha recibido los restos mortales de los que murieron en el Señor.
La presente Capilla Evangélica, cuyo bautisterio fue objeto de mucho interés para los artesanos, se inauguró el día 10 de diciembre del mismo año en que se inició la obra, o sea, 1.916. Asistieron 25 creyentes de El Ferrol y de La Coruña. Por causa de un temporal se quedaron en Ares hasta el día siguiente, amablemente alojados por los nuevos creyentes. Se celebraron reuniones todas las noches, con asistencia de 300 a 400 personas escuchando con reverencia la Palabra, y más almas se convirtieron al Señor.
Después de los cultos anuales en Ares del año 1.924, escribió don Arturo: “Mirando atrás y viendo lo que el Señor ha hecho para nosotros aquí en Ares, recordamos que cuando hace diecisiete años don Jorge (Padre) visitó esta Villa acompañado de un oficial creyente, fueron apedreados y tuvieron que volverse enseguida a El Ferrol.”
Ha habido, como en todas las iglesias, tiempos de prueba y dificultades, pero gracias a la misericordia de Dios, la iglesia en Ares sigue floreciente.
                                     
(Continuará)

(Publicado por Jorge de M. Davis en “Edificación Cristiana”, año 1.977, núm.  5)

martes, 26 de marzo de 2013

Comienzo de la obra evangélica (AA. HH.) en “El Ferrol” (II parte, redactada en 1.977)

EL FERROL
También en 1.910 vino de Lugo a trabajar en El Ferrol un joven. Oyó cantar y entró en la Capilla y escuchó el Evangelio. El Señor ya estaba preparando al que fue su fiel siervo, nuestro hermano Vicente Rodríguez, tan recordado…, pues en una feria de la provincia de Lugo había comprado una Biblia al colportor Sr. Bouza. Asistiendo Vicente a los cultos asiduamente, el músico militar Sr. Bahamonde le ayudó a comprender las Buenas Nuevas de tal forma que por la gracia de Dios tres semanas más tarde Vicente se convirtió en seguidor de Cristo. Enseguida volvió a su pueblo para contar a los suyos la bendición que había recibido. Su querida madre desconfiaba durante dos años, pero al fin se convenció  que el cambio radical en el temple de su querido hijo era real, y así ella también fue salva por Jesucristo, único Redentor. Mi querida madre, doña Matilde, vio contestadas sus oraciones con esta bendición, antes que ella, mi madre, partiera para su morada celestial en abril de 1.912 a causa de una lesión al corazón.
En 1.920 salió don Vicente Rodríguez a la obra del Señor con su esposa doña Pilar, ella de la Iglesia de Carril. Ya se ha contado algo de las peripecias y aun graves peligros que juntos pasaron en su anhelo de evangelizar vendiendo Biblias y predicando en donde les fuese permitido. A despecho de mucha oposición y hasta amenazas con piedras, etc., abrieron obra en Lugo.
Normalmente, en El Ferrol a los jóvenes reclutas creyentes se les respetaba la conciencia. Pero hubo algunas excepciones, entre ellas el caso de nuestros hermanos Daniel Sampedro, de Santo Tomé, y el ahora difunto José Lino, de Marín. El 5 de junio de 1.954 anteriormente habiendo hecho constar con todo respeto que siendo evangélicos no podrían postrarse ante la “Hostia” ni ninguna imagen en acto religioso, se les ordenó formar con centenares de reclutas, para rendir culto en la misa que precedía a la Jura de Bandera. Un fraile, muy recién promovido a Capellán, insistió en que formasen. Daniel y José reiteraron que estaban dispuestos a “Jurar la Bandera” con toda lealtad, rogando, empero, que se les eximiese del acto religioso. Permanecieron, pues, en pie, al toque de “Rindan”, y fueron llevados presos. Después de cinco días fueron puestos en libertad hasta que se celebrase Consejo de Guerra, el cual tuvo lugar en octubre.
Las autoridades militares ferrolanas hicieron constar en el Sumario que “los jefes de los dos procesados tenían conocimiento que habían sido autorizados para no asistir a las Misas que en días festivos se celebraban en su Unidad, no perturbándoles la conciencia… se aprecia la carencia de perversidad en los delincuentes dados sus buenos antecedentes y conducta en el servicio, apreciando más bien en ellos un inquebrantable arraigo en la religión que profesan”.
Contrario a la propuesta del Consejo, que se condenase a los encartados a seis meses de Prisión Militar, el Supremo de Madrid dictó sentencia de dos años, alegando que habían desobedecido una orden puramente militar “que no lesionaba en lo más mínimo sus creencias”.
Gracias a un indulto general, y como premio a su buena conducta, el tiempo de prisión quedó reducido a quince meses. Durante este tiempo sirvieron nuestros fieles hermanos en cargos de confianza, y se les podía visitar y con frecuencia leer la Palabra de Dios y orar con ellos. Nos dijeron que antes de ser sentenciados nunca habían pensado cómo el Señor les ayudaría a dar su testimonio llenos de gozo, exactamente como les estaba prometido en Lucas 21:12-15. Esto impresionó mucho a sus superiores.
En día de Navidades de 1.964 principió a utilizarse una segunda capilla en El Ferrol, en calle Alegre, 112, barrio de Canido. Hacía diez años que dentro del casco de la ciudad se había alquilado un segundo lugar de testimonio. Pero resultando imposible obtener permiso para dedicar el local a la predicación del Evangelio, hubo que dejarlo. De manera que fue con gozo que al intentar de nuevo no hubo ninguna dificultad insuperable, pues el ambiente nacional y local estaba tendiendo a más tolerancia religiosa. ¡Gracias a Dios!
Pasaron más años, y, de las dos Iglesias hermanas, la primera, cuya capilla en la Carretera de Castilla se hacía estrecha, con muy grandes esfuerzos y sacrificios, compró y acondicionó un bajo amplio en una zona de ensanche de la ciudad.
El resultado es muy hermoso y atrayente, de construcción esmerada. La inauguración en junio de 1.975 de la nueva Iglesia, en calle Sartaña, fue ocasión de grande gozo para los creyentes de cerca y lejos, entre los centenares que asistieron para oír el Evangelio, algunos por primera vez.

 

ARES (Prov. De La Coruña, 1.916)…
 
(continuará)

 

(Escrito por Jorge de M. Davis para la revista “Edificación Cristiana”, nº5, 1.977)

 Foto: "Jura de Bandera" en El Ferrol.

lunes, 18 de marzo de 2013

Comienzo de la obra evangélica (AA. HH.) en “El Ferrol” (redactado en 1.977)


EL FERROL

"Poco después del principio de la obra en La Coruña, don Jorge Spooner, quien había ayudado a los hermanos Wigstone y Blamire, residió desde el año 1.879 al 1.884 en BETANZOS y en EL FERROL. Predicó en el Teatro Jofré, en donde centenares de ferrolanos escucharon la Palabra de Dios. Pero después de unos meses se quitó la libertad de cultos en cuanto al Teatro Jofré. Una de las que se convirtieron se llamaba Benita. No sabía leer ni escribir pero aprendió algunos salmos de memoria. Recuerdo que cuando mis padres, veinticinco años más tarde, vinieron a El Ferrol, todavía seguía ella fiel al Señor en una humilde casa en el ahora casi desaparecido Esteiro. Daba propinas a los niños para que leyesen en una Biblia grande que tenía, para que oyesen sus vecinas. Murió a los 80 años de edad, ciega, pero alabando al Señor.
En 1.880 Jorge Chesterman trabajó con Jorge Spooner en El Ferrol, vendiendo muchas Escrituras, como también en PUENTEDEUME, REDES, MUGARDOS y BETANZOS. Los dos visitaban con frecuencia a los creyentes en Arteijo y Loureda, y venían por mar a visitar a los hermanos en El Ferrol.
En 1.902, desde La Coruña don Jorge Chesterman visitó en la cárcel de Santiago a un joven recluta, José Graña, de Marín, convertido en Estribela. Este fue procesado y condenado a seis meses de reclusión por rehusar hincar la rodilla en el acto de la elevación de la “Hostia”. Le llevaron maniatado a la cárcel de La Coruña. Leyendo de esto en El Ferrol en los periódicos el Teniente Coronel don Juan Labrador, creyente (de Andalucía), fue compungido de corazón viendo la fidelidad de Pepe Graña; le visitó en La Coruña, y le abrazó en la celda y oraron juntos al Señor. Ahora don Juan tuvo que sufrir pena de “arresto menor”. Pero se llevó el asunto a Madrid, y al fin tanto él como el fiel José Graña fueron puestos en libertad.
El ejemplo del mozo de tal manera le aumentó la fe a don Juan Labrador, que ya no ocultó más su luz. Su testimonio avivado resultó en la salvación de otro oficial, el Capitán de Infantería de Marina, don Manuel Jordán. Los dos hablaron con sus compañeros y se convirtieron tres oficiales más y otros militares. Don Juan pedía tratados a Madrid, y con sus hermanos en la fe, los repartía por las aldeas de la comarca, hablando de Cristo a las almas. Sufrió perjuicios en su carrera pero fue fiel. Se le concedió el rango de General, pero con años de retraso.
Como se ha dicho, don Jorge Chesterman venía por mar a El Ferrol, y otros misioneros venían desde Marín para animar al nuevo grupo. También ayudaba el valiente colportor don Antonio Bouza, fruto de la obra anterior de los señores Spooner en Betanzos.
Con alguna frecuencia mis padres venían a Galicia desde La Carolina (Jaén) para visitar a nuestros parientes, la familia Chesterman. Con éstos visitaban a los creyentes en El Ferrol, con el resultado de que en abril de 1.905 mis padres vinieron a residir definitivamente en El Ferrol. El 3 de diciembre del mismo año se inauguró una Capilla Evangélica en un lugar muy céntrico. Durante seis meses se celebraron reuniones todas las noches, con la ayuda de don Enrique Turral, de Marín, y otros obreros. Las reuniones estaban abarrotadas de personas de todas las clases sociales, pero muy pocas tuvieron el valor de aquellos primeros creyentes para seguir al Señor Jesucristo.
El pequeño grupo aumentó lentamente. Con denuedo llevaron el testimonio del Evangelio a los alrededores, celebrándose culto por algunos años en LA GRAÑA y en SERANTES, con salvación de algunas almas en esas aldeas.
Entre los que creyeron en aquel tiempo fueron don Ángel Fernández y su esposa doña Vicenta. Ángel se convenció al ver entre los hermanos un amor que no había hallado nunca, decía, en las sociedades seculares que antes conocía. Por muchos años fue anciano en la Iglesia. Edificó el local en Carretera de Castilla en tiempos de persecución y dificultades para alquilar local.
También en 1.910 vino de Lugo a trabajar en El Ferrol un joven. Oyó cantar y… "
(continuará)
 
(Escrito por Jorge de M. Davis para la revista “Edificación Cristiana”, nº4 y 5, 1.977)

lunes, 11 de marzo de 2013

Comienzo de la obra evangélica (AA. HH.) en la provincia de “La Coruña” (redactado en 1.977)


“Si mirásemos atrás, al año 1.838, veríamos en la colina de El Castro de Vigo a dos extranjeros. Uno de ellos es Roberto Chapman: ambos se han descubierto la cabeza, y en aquella soledad suelen unidos hacer oración a Dios, mucha y ferviente súplica por España: que se abriese la puerta para que en aquel país prohibido de hacerlo, se predicase el Evangelio del amor de Dios.
Pasan cincuenta y cinco años, y en una carta escrita en noviembre de 1.893 el anciano y venerable Roberto Chapman recuerda a don Cecilio Hoyle esas oraciones, pues ya grandes cosas estaba Dios haciendo en Galicia y en otras regiones de España.
En febrero o marzo del año 1.875 dos jóvenes misioneros ingleses, Tomás Blamire y Jaime Wigstone, emprendieron su primer viaje a Asturias y Galicia.
Habían trabajado en Madrid y Barcelona incansablemente y sembrando la Palabra de Dios unos dos años, pero el Señor les puso en el corazón la necesidad de llevar también el Evangelio al noroeste de España. En aquel tiempo hubo libertad religiosa desde 1.868 hasta 1.876.
Sucedió, pues, que salieron de Madrid en tren a Busdongo. Estando un tramo del ferrocarril todavía incompleto, siguieron unas horas en diligencia, y otra vez en tren hasta Oviedo. Allí repartieron muchos Evangelios y tratados, asimismo en Gijón, esperando embarcar para La Coruña. El vapor hizo escala en la hermosa Ría de Ribadeo. Durante dos días trabajaron con gozo en Ribadeo, Castropol y Figueras. Otra noche a bordo les trajo a La Coruña. Allí visitaron los comercios y el puerto, siendo muy bien recibidos, y subieron a los vapores con tratados.
El Comandante les permitió entrar en el gran Cuartel con literatura para los 400 soldados que allí estaban de servicio.
Al ver con gozo cómo el Señor les había abierto una puerta para extender en Galicia el conocimiento de Su amor, en pocos días optaron regresar a Madrid por Oporto y Badajoz, lo que les costó nada menos que 27 horas en la baca de la pesada diligencia sólo para llegar a Oporto.
El 24 de abril vemos que sin tardar se encuentran de nuevo en La Coruña don Jaime y don Tomás, y la esposa de éste. Ella era de padres judíos, convertida a los veinte años, y él había sido oficial en la Armada inglesa, pero había dejado la carrera para servir al Señor enteramente y dedicar todo su tiempo a la obra.
Llegados así de nuevo a La Coruña, visitaron de casa en casa y muchos les escucharon con atención. En los barcos se encontraban a veces con marineros que ya habían recibido Evangelios y tratados en los puertos de mar de Inglaterra. En tres aldeas próximas a La Coruña con gran gozo predicaron al aire libre.
A primeros de julio de 1.875 abrieron un local en Plaza de Pontevedra, 9, tan conocido por muchos años. Cuando se anunció la apertura, centenares de personas quedaron fuera. Se anunció una reunión para las 6 de la tarde del domingo siguiente. A las 4 ya estaban grupos de personas, y a las 5.30 era tan inmensa la multitud, que celebraron dos reuniones seguidas, abarrotadas de gente. Los que no pudieron entrar llamaban: ¡Que salgan y nos hablen desde el balcón!”. Nuestros hermanos decían entre sí: “¡Ojalá deseen escuchar a Dios antes que a nosotros!”
Sobre este suceso memorable consta el relato que sigue, dado unos diez años después por don Tomás Blamire en Londres el mes de octubre de 1.886.
“Hace casi catorce años desde que el Señor nos guió a don Jaime Wigstone y a un servidor para servirle en España, sin conexión con ninguna sociedad o comité misionero, pero confiando con sencillez en el Señor para todo, y mirando a nuestro Padre para que nos supliese toda necesidad. Nuestra obra es en el noroeste de España.
En 1.875 fuimos a La Coruña y alquilamos un local para predicar el Evangelio. Después acudimos al Sr. Gobernador para obtener su permiso para abrir el local. Pero él contestó: “Prohíbo cualquier enseñanza pública, y lo que me pesa es no poder meterles en la cárcel ahora mismo”. Nos fuimos, pues, al Cónsul Británico, y él dijo: “Vuelvan ustedes al señor Gobernador y díganle de mi parte que van a abrir el local en tal y tal día”. Así lo hicimos, yendo de buena gana. El Sr. Gobernador se indignó tremendamente, y telegrafió a Madrid en contra de nosotros. Obtuvo respuesta, pero no era en ninguna manera la que esperaba, pues lo que se le contestó fue: “Guárdese V. E. de molestar a estos señores y además en el caso de cualquier escándalo tendremos a V. E. por responsable”. Por tanto, se vio obligado a ceder, y mandó a siete guardias para protegernos. Así que comenzó la obra, y ha seguido bien. Muchos han sido llamados de las tinieblas a la Luz. ¡Bendito sea su Santo Nombre!
Os cuento este relato de cómo principió, porque es una muestra de nuestras experiencias en muchos sitios. Vez tras vez hemos visto la buena mano de Dios sobre nosotros justamente cuando parecía que el enemigo iba a ahogarnos.
Con el tiempo y extendiéndose el interés, abrimos más obra en aldeas y pueblos del distrito, y ahora hay en Galicia ocho o diez locales abiertos para la predicación de la Palabra y para adorar al Señor.
Nuestras dificultades han sido grandes; hombres se han opuesto terriblemente, nos han llevado presos, nos han amenazado con catorce años de cárcel… Algunos de nuestros convertidos estás presos, y otros sometidos a juicio, todo por amor de Cristo, desde luego por denuncias falsas, siendo que es en contra de la Ley apresar a un hombre por el hecho de hacerse “protestante”.
Los dos últimos lugares que se han abierto se hallan cerca de Portugal: uno en Marín, un pequeño puerto de mar, y el otro en una aldea cercana.”
En octubre del mismo año inaugural escribía doña Rosseta de Blamire: “Hemos tenido el gozo de ver que algunas almas profesan que han hallado en Jesús su propio y todo-suficiente Salvador. Creo que cada uno ha tenido antes una Biblia, comprada desde que hay libertad religiosa”. En noviembre dice: “Nueve personas escuchan el Evangelio constantemente y nos han dicho: Vemos la diferencia, y confiamos solamente en Jesús. Cinco de ellos han sido bautizados. Una mujer, amando a Jesús, quemó las imágenes de santos y los crucifijos ante los cuales había rezado veinticuatro años. Ella y su marido han sido echados de su casa por causa del amor a Jesucristo. Otro ha cambiado su ocupación a causa de la conciencia. Estas cosas demuestran sinceridad. Desde que llegamos hemos vendido 100 Biblias.”
Abrieron obra en Arteijo y Loureda, en donde hubo fruto para el Señor, almas salvas. Algunas de ellas sufrieron duras persecuciones.
Entretanto que desde La Coruña se extendía el Evangelio por las Rías Bajas, en 1.880 vino a La Coruña otro siervo de Dios, don Jorge Chesterman, cuñado de don Enrique Payne (padre), de Barcelona, y con su familia sirvió activísimamente en las cuatro provincias de Galicia. El fue seguido en 1.910 por don Enrique Payne (hijo), quien después de dieciséis años de servicio para el Señor con sus padres en Barcelona, se trasladó con su familia a La Coruña. Don Enrique y mi padre, don Jorge Davis, buscaron un local más céntrico en La Coruña, y alquilaron lo que hoy la Capilla Evangélica en calle Panaderas, 14. Se inauguró en noviembre de 1.915, y a pesar de mucha oposición la asistencia aumentaba. Las autoridades siempre favorecieron, guardando el orden los municipales: “siempre tan buenos”, decía don Enrique.
Iniciando la obra en la Coruña, Marín, Santo Tomé, Vigo y otros sitios, los hermanos Jaime Wigstone y Tomás Blamire prosiguieron incansables; el primero en Andalucía, y el segundo mayormente en Marín, en donde el Señor le llamó a su presencia en 1.894. Al partir de este suelo, don Tomás dictó las palabras siguientes: “¡Tengo paz en mi alma, mi porvenir es brillante, tengo el cielo delante! Mi última palabra a mis hermanos es que se consagren al Señor y vivan para Él más que nunca; y mi palabra a los que no son del Señor es que huyan para refugiarse en Cristo cuanto antes”. Don Tomás había bautizado a centenares de personas en los lugares ya mencionados.
 

EL FERROL … (continuará)

 

(Escrito por Jorge de M. Davis para la revista “Edificación Cristiana”, nº4, 1.977)