lunes, 18 de noviembre de 2013

El sureste de España: comienzo de la obra evangélica. (III parte, redactado en 1.978)


ALMERÍA

Es realmente una obra de reciente crecimiento. Fue durante el periodo 1.931-36 que un misionero canadiense estuvo en Almería trabajando para establecer obra del Señor. Con la venida de la Guerra Civil salió para su país. Aunque solamente unas pocas personas fueron convertidas y apenas hubo oportunidad de establecer una iglesia, allí quedó un hermano, don José García, quien durante el periodo de la post-guerra estableció contacto con don Juan Biffen en Madrid. Fue don Juan quien se empezó a interesar por Almería y a su requerimiento don Pedro Martínez desde Águilas y un servidor desde Cartagena iniciamos nuestras visitas. Los cultos se celebran por las casas, especialmente en una pequeña cocina, pero el Señor bendijo el testimonio y se levantó una Iglesia que fue creciendo, en algunos momentos con muchos problemas, en otros, con mucho temor, pero con confianza. En el año 1.964, se puede conseguir la compra de un pequeño local. En el 70 se amplía con la compra de la casa, en la que había de ocurrir en el 76 el tremendo accidente. El Señor ha mantenido el testimonio y los ha prosperado en medio de grandes dificultades y en el día de hoy, y aún dentro de lo que ha podido suponer la experiencia pasada, los hermanos se están esforzando por la extensión de la palabra. Se espera con ansia la terminación de la obras de la reconstrucción de la Capilla que esperamos marca una nueva etapa en Almería.

 

ÁGUILAS

Los principios de la Obra se remontan a finales del pasado siglo. Hacia el 1.890 se localiza en Águilas la presencia de un misionero escocés, don Roberto Simpson, arquitecto de profesión, que realiza una labor intensiva tanto en el pueblo como en el distrito. Las gentes responden al Evangelio y pronto se levanta una Iglesia numerosa y activa. En 1.906 se construye la actual Capilla, cuyas dimensiones señalan una congregación numerosa. Al mismo tiempo y a raíz del segundo matrimonio de don Roberto, se construye la Casa de Paz (la actual cocina de las clases de verano); desde donde la nueva esposa de don Roberto, doña Lina, ejercerá una labor como enfermera extraordinaria, recibiendo ancianas en ese lugar, y dando asistencia médica a todo el que la solicitaba. Esto permitió grandes oportunidades para el testimonio del Evangelio. Después de la muerte de don Roberto, doña Lina siguió con su labor, de la que aún en el día de hoy queda recuerdo. El trabajo de don Roberto será intensivo. Con un burro va a recorrer una amplia zona, que dará como resultado la formación de iglesias en Medrano y Almendricos, alcanzando también Lorca. Resulta admirable pensar en la manera que tuvieron que luchar y trabajar para conseguir que el Evangelio llegara hasta estos lugares. Hoy apenas quedan unas huellas de toda esa labor, si bien en Medrano sigue en pie la Capilla y un grupo de hermanas -especialmente- con las visitas periódicas desde Cartagena y Águilas, se reúnen para celebrar culto una vez al mes. Mataró, especialmente, en la provincia de Barcelona, tiene un buen grupo de hermanos de ese distrito.

A la muerte de don Roberto seguirá la presencia de otro misionero Sr. Barnés, que saldrá de Águilas durante la Guerra Civil, para no volver. Las huellas de la guerra serán profundas, y la Asamblea pasará por periodo difícil que irá mermando su membresía. En el año 1.953 -diciembre-, don Pedro Martínez, encomendado por los hermanos de la iglesia en calle Teruel, vuelve a establecer su domicilio en Águilas, produciéndose, por su parte, una actividad que le llevaría hacia Cartagena, Ramonete, Casa de la Mina, Almajalejo, Medrano, Almería, además de la misma iglesia de Águilas.

En estos días la Asamblea en Águilas está manifestando un nuevo despertar con el regreso de algunos hermanos que habían marchado al extranjero y a otros que se han establecido cerca de Águilas lo que está permitiendo nuevas actividades que ponen de relieve las posibilidades de alcanzar a más personas.

 


(Continuará)

(Redactado por Joaquín Guerola para la revista "Edificación Cristiana", número 73, mayo-junio de 1.978)

Foto: fachada de la capilla evangélica en Águilas.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El sureste de España: comienzo de la obra evangélica (II parte, redactado en 1.978)


"CARTAGENA
 
... Pero su salud se ve quebrantada y en enero del 47 pasará a la presencia del Señor...

Poco antes de la partida de nuestro querido hermano don Carlos Coll, regresa a Cartagena don Juan Richards y esposa, y con ellos la viuda de don Ricardo Holloway, doña Adela, que había fallecido en Inglaterra unos años antes, y su hija Lina. La estancia de don Juan será corta, regresan a Inglaterra, para no volver más a Cartagena. Poco después pasaría a la presencia del Señor.

En el año 1.953 se produce la llegada a Águilas del siervo de Dios, don Pedro Martínez, quien a partir de esa fecha visitará la Asamblea cada dos meses durante muchos años. Sus visitas serán apreciadas por los hermanos. También la Iglesia recibe periódicamente la visita de los evangelistas srs. Aguilera y Villar, quienes residen en Murcia.

Una nueva etapa se produce en el mes de febrero de 1.957. La llegada del siervo de Dios, Joaquín Guerola, para instalarse en Cartagena. La iglesia, que siempre ha mantenido su espíritu misionero, se siente animada y apoya el esfuerzo para extender el Evangelio en la Región y ayudar a los hermanos dentro del distrito. Son, durante muchos años, los hermanos en Archena quienes recibirán la ayuda más constante, tanto del ministerio como de colaboración en el sentido más amplio de la palabra. Además Águilas, Almería y, a más distancia, otros hermanos en el Sur de España.

En el año 1.961 y sintiendo la necesidad de las clases para jóvenes durante el verano se inician las Clases de Verano en Águilas. La iglesia se siente identificada con las Clases y es una etapa muy bendecida por el Señor por la posibilidad de que los jóvenes en todo el Sur puedan disponer de esos días de comunión y enseñanza de la palabra.

En el año 1.965 se inaugura la nueva Capilla en Cartagena. Es un gran salto en todos los sentidos y la iglesia se siente bendecida y el gozo empuja el testimonio. Las reuniones por las casas se mantienen en una manera periódica con gran bendición para la Asamblea.

En el año 1.973 y después de un largo proceso de oración y preocupación se abre un nuevo local en Murcia capital. Unos pocos hermanos asisten y con el apoyo de otros desde Cartagena el testimonio se mantiene. En el año 75 se enriquece con la llegada de los srs. Finingan, matrimonio misionero que han trabajado muchos años en el Perú. El trabajo personal de ellos está permitiendo que se puedan tener contactos personales con muchas personas. El trabajo no es fácil, pero las puertas se mantienen abiertas y en estos cinco últimos años un número importante de personas han oído el mensaje del Evangelio y han recibido testimonio escrito de su amor y gracia.

El testimonio de la Obra en Cartagena queda vinculado también a las Asambleas de la Región, especialmente en estos últimos 20 años, así tenemos que:

ALMERÍA

Es realmente una obra de reciente crecimiento..."

 

(Continuará)

(Redactado por Joaquín Guerola para la revista "Edificación Cristiana", número 73, mayo-junio de 1.978)
Foto: fachada de la Capilla Evangélica en Cartagena.

lunes, 4 de noviembre de 2013

El sureste de España: comienzo de la obra evangélica. (I parte, redactada en 1.978)


CARTAGENA.

Las primeras noticias de Obra Evangélica en Cartagena, se remontan al año 1.836. El testimonio viene por una lápida existente en el cementerio llamado de "los ingleses", pero su nombre oficial es de "Cementerio Protestante". En esa época ya existía una Capilla Anglicana, construida por la Colonia inglesa en Cartagena para celebrar su culto de acuerdo con su fe. Es notable el hecho de que en los Archivos Municipales y en una de sus actas se hace constar la presencia de un grupo de protestantes en la Ciudad. En las mismas actas ya en el año 1.870 se señala a Felipe Orejón como pastor de la Iglesia Protestante. En efecto, en el cementerio protestante se encuentra la tumba de don Felipe Orejón juntamente con la de su esposa y una niña.

La primera persona de las Asambleas de que tenemos noticias de su llegada a Cartagena es de don Samuel Payne. Fue su estancia breve, pero a su regreso a Barcelona se interesó por el testimonio en este distrito a casusa de la conversión de don Pedro Rubio.

Los primeros misioneros llegaron en el año 1.875, sus nombres don Juan Richards y don Ricardo Holloway. Es interesante reseñar que el viaje de Barcelona a Cartagena lo realizaron con bicicleta. Los dos eran solteros y juntos empezaron a testificar del Evangelio en una Aldea próxima a la Ciudad, El Algar. No tardaron mucho en regresar a Inglaterra para volver casados, don Juan con doña Ana y don Ricardo con doña Violeta. Parece ser que don Juan y su esposa se trasladan a Cartagena y don Ricardo queda en El Algar. El testimonio del Evangelio da sus primeros frutos y un matrimonio recién casados so bautizados. Las condiciones de vida no eran muy saludables y doña Violeta fallece al nacer su hija. Sus restos son enterrados y así se conservan en el Cementerio protestante de Cartagena. Don Ricardo sigue trabajando en el distrito, mientras don Juan lo hace en la Ciudad. En medio de esa labor descubren que en uno de los barrios de "extramuros" S. Antón, un cuarteto de hombres se reúnen para leer la Biblia. El resultado es que se convierten, son bautizados y así se forma el primer núcleo de Iglesia. Se ha llegado al año 1.898. Ya tenemos en esas fechas las primeras actas de la actuación de la Iglesia, y los nombres de sus miembros. Don Ricardo, mientras tanto, se ha vuelto a casar y se instala definitivamente en Cartagena. La labor evangelizadora da la oportunidad de abrir testimonio en los pueblos de alrededor. La Unión, Molinos Marfagones, se llega hasta Alicante, Murcia, Archena. Cualquier oportunidad que se presenta es aprovechada. Así surgen los colportores que salen a los pueblos con la palabra de Dios. Es una época en que el Señor bendice y prospera el Evangelio y aunque no faltan las dificultades propias de la época la Obra crece y el Señor añade a la Iglesia los que han sido salvos. A la mitad de los años treinta Cartagena cuenta con dos Asambleas, una en el barrio de San Antón y otra en la misma ciudad, en un lugar céntrico. Los siervos de Dios mantienen una labor amplia, ya que durante ese tiempo les vemos viajar por distintos lugares de nuestro país. La impresión es que el Evangelio ha entrado en una fase de prosperidad.

Sin embargo, la guerra Civil marca una época negativa para el testimonio del Evangelio en Cartagena. Ciudad militar, se convulsiona y los grandes movimientos de gentes se hacen notar con las dificultades para hablar del Evangelio. Los siervos de Dios deben abandonar Cartagena por disposición del Consulado. Los jóvenes y no jóvenes son incorporados a filas. Los bombardeos de la ciudad dificultan los cultos y la Iglesia sufre por ello. El testimonio se mantiene, pero las huellas se dejan sentir. Así se llega a 1.939.

Cartagena queda traumatizada como resultado de la contienda. Aquí la guerra termina el 31 de marzo del año 1.939. Las consecuencias se dejan sentir entre los hermanos. Un buen número tendrán que buscar otros lugares de residencia. Don Ricardo ha partido para estar con el Señor, el regreso de don Juan se alarga debido a la Segunda Guerra Mundial, pero Dios levanta el hombre providencial. Don Carlos Coll, militar de carrera, Comandante de Infantería de Marina y Juez Militar durante la Guerra Civil, se convierte al Evangelio. Su carácter humilde y retraído le hace pasar casi desapercibido antes de la Guerra Civil. Su alto cargo durante la guerra no le deja mucho tiempo. Al terminar la guerra se le procesa y se le quiere condenar a muerte. Le salva su conducta, su testimonio intachable. Es el único que escapa de la muerte entre muchos militares que quedaron en Cartagena durante la contienda. Eso sí, se le separa del servicio activo, es ya teniente Coronel. ¿Qué sería hoy? Pero aquella situación le da la oportunidad de dedicar tiempo y esfuerzo para el Señor. Lucha por el Evangelio y, aunque le trae grandes problemas, incluido su propia familia y las gentes que le rodean, tiene el aprecio de sus hermanos y la bendición del Señor, y la Iglesia se beneficia de ello.

Pero su salud se ve quebrantada y en enero del 47 pasará a la presencia del Señor...

 

(Continuará)

(Redactado por Joaquín Guerola para la revista "Edificación Cristiana", número 73, mayo-junio de 1.978)

Foto: Cartagena durante un bombardeo en la Guerra Civil.

lunes, 28 de octubre de 2013

Linares y La Carolina: su historia "evangélica". (II parte y última. Redactada en 1.978)

 
Las hermanas Chesterman, Raquel y Claudia, vinieron a Linares después que su padre, don Jorge, había vuelto a Inglaterra tras una estancia de más de 30 años en Galicia. Claudia pasó a la presencia del Señor en el año 1.927, y su hermana Raquel continuó en Linares hasta mediados del año 1.958 en que marchó a Inglaterra, con buena salud pero muy desmemoriada. Ella nos visitaba en El Centenillo en sus últimos veranos en España.
Doña Juana Chicot (así se pronunciaba el apellido, aunque no sé si sería Chiccot o Chicott, o posiblemente Chilcott, apellido que parece más inglés que los anteriores), misionó en La Carolina, sin que yo conozca la fecha de su llegada, pero sí que pasó a la presencia del Señor durante la guerra civil en España.
Otro matrimonio inglés, también con el apellido Chicot (¿?) trabajó para el Señor en Bailén, y en el año 1.934 ya había marchado a Inglaterra, pero yo vi que aun estaban allí sus muebles en la casa-capilla de la calle del Agua.
Fue también por el año 1.929, que dos hermanas en la fe procedentes de Ronda, Miss Reed y Alicia Stevens, vinieron a Bailén. Después, pasados unos meses, se fueron a Baños de la Encina. Alicia Stevens iba andando todos los sábados a Bailén para tener reunión de señoras los domingos y escuela dominical. En Bailén había un hermano llamado Juan José que era el que celebraba el culto del partimiento del pan. Los lunes, la señorita volvía andando a Baños, distante unos ocho kilómetros. Estas hermanas, por la delicada salud de la señorita Reed, volvieron a Inglaterra y no regresaron más a España. Esto debió ser antes del año 1.933.
Por muchos años, caso singular, había solamente mujeres misioneras viviendo en las casas de las capillas, como hemos podido ver, pero el Señor preparó y dio los hombres necesarios, ya españoles, para la obra necesaria. Destacaron los referidos don Manuel Martínez, don Juan García, don José Casado..., pero hubo otros creyentes fuertes y preciosos, como los hermanos García y Aquiles en Guarromán. Juan José y más modernamente Juan Redondo en Bailén, Viñolo, Medina y Checa en Linares, Santiago García en El Centenillo, Tomás Garrido en Baños de la Encina, etc...
 Creo que fue en 1.958 cuando vino a Linares un obrero encomendado por Castiñeiras-Riveira, y procedente de Málaga, don José Fernández Marino, un hermano sencillo y bondadoso, que dejó pronto Linares y su encomendación para retornar a su vida marinera.
Posteriormente, en febrero de 1.964, fue encomendado por la iglesia de Gijón, don Ramón Vega Suárez, que vino a vivir en la casa de Cambroneras. Joven y buen viajero, desde Linares, ha visitado casi todas las asambleas de España ministrando la Palabra, y ha trabajado y trabaja en la iglesia local de Linares. También y con el dicho de que "toda institución es la sombra de un hombre" (aunque la fuerza es de Jesucristo), ha llevado a cabo la obra del Hogar de Ancianos en Linares, precioso consuelo y refugio para los cuerpos gastados.
En el mes de octubre del año 1.968, salió también encomendado a la Obra el que firma este mal hilvanado trabajo. Mi lugar de residencia es La Carolina.
Siempre se ha podido ver, con unos y con otros, que era el Señor el que guiaba el trabajo, el que ha bendecido y prosperado las iglesias de la zona y el que ha salvado las almas, porque los frutos son suyos y para Él.
 
(Redactado por Manuel González de Prado para la revista "Edificación Cristiana", Marzo-Abril de 1.978)

martes, 22 de octubre de 2013

Linares y La Carolina: su historia "evangélica". (I parte. Redactado en 1.978)


Hermanas Raquel y Claudia Chesterman


La gran dificultad que existe para escribir la historia de la obra evangélica en la zona Linares-La Carolina consiste en las fechas. Se conocen las personas y los acontecimientos, los esfuerzos y los trabajos llevados a cabo, y sabemos hasta el orden de ellos, pero no conocemos muchas fechas exactas. Trabajando para conseguirlas hemos encontrado algunas que nos han resultado valiosas para ordenar el conjunto histórico.

La causa aparente que determinó la presencia de la Buena Nueva de Salvación en esta zona fue la llegada de una numerosa colonia inglesa y otra alemana menos numerosa, dedicadas a la explotación de minas de plomo de la comarca. Hoy podemos contemplar las ruinas de algunas minas con nombres significativos: "La inglesita", "La Aquisgrana", etc.

Sabemos que por el año 1.870 ya hay en Linares un pastor anglicano. Pero podemos creer que su trabajo y ministerio se limitaba a los ingleses. Se trataba, por tanto, de un círculo cerrado que no se extendía, quizás porque ellos lo consideraban inadecuado o peligroso.

En el año 1.873 llega a España, junto con don Tomás Blamire, don Jaime Wigstone. Ambos visitaron diferentes regiones de España. Juntos fundaron en 1.875 la primera iglesia en La Coruña, y, antes o después, don Jaime trabajó para el Señor muy brevemente en Barcelona. Pero don Jaime marchó a Linares en donde estuvo los últimos diecisiete años de su obra activa. Estaba casado con una hija del conocido siervo de Dios don Arturo Rees, de Sunderland. Don Jaime poseía una manera muy llamativa, fuerte y convincente para predicar la Palabra de Dios. En 1.887 se convierte en Linares un joven llamado Manuel Martínez, el cual resultó ser un instrumento escogido por Dios para una obra larga, penosa y muy bendecida en toda la zona de Linares-La Carolina.

Don Jorge Davis Baker, convertido en Inglaterra en 1.885, por mediación del evangelista americano Moody, llegó a Linares en 1.891, para servir al Señor con el siervo de Dios ya citado, don Jaime Wigstone. Ya don Jaime había adquirido para lugar de cultos el edificio en la calle Cambroneras, 27, que antes había sido un convento de monjas.

Desde el principio, Wigstone y Davis, visitaron La Carolina sistemáticamente, pero fue en 1.897 cuando don Jorge se casó con doña Matilde Clapton y fundaron su casa en La Carolina, en donde nació nuestro hermano don Jorge Davis Clapton. Don Jorge visitaba desde La Carolina, Guarromán, Baños de la Encina, Santa Elena, etc. Don Jorge fue el iniciador de la obra del Señor en Santa Elena por el fruto del reparto de tratados. Tengo la copia de una carta de don Jorge, fechada en noviembre de 1.893, y escrita desde Linares, por la que sabemos que también visitó las minas del Centenillo. Don Jorge se trasladó al Ferrol en 1.904.

Don Jaime Wigstone enfermó en el año 1.902 y regresó a Inglaterra, pero con su salud mejorada volvió a visitar en varias ocasiones España. Aún vivió bastante tiempo, pues pasó a la presencia del Señor en noviembre de 1.921.

En el año 1.903 estaba en Linares don Juan Nisbet, pues tenemos noticias de que fueron bautizadas por él en dicho año 33 personas. Uno de los bautizados fue un joven de trece años, llamado Juan Bautista García, que después resultó ser un precioso hijo de Dios para el trabajo y el testimonio de la zona. Con él, su cuñado don José Casado, es hombre inolvidable, estampa imborrable de santidad y fidelidad. Don José Casado nació el 1 de diciembre de 1.889 y pasó a la presencia del Señor el día 14 de septiembre de 1.962. Fue encomendado para su dedicación total al servicio del Señor en julio de 1.957, pues la zona estaba muy necesitada de cuidado y atención, y de manera especial La Carolina. Don Juan Bautista García se había marchado a América al final del año 1.956.

Otro nombre y otro hombre fue don Guillermo Paris que trabajó principalmente en Baños de la Encina.
Las hermanas Chesterman, Raquel y Claudia, vinieron a Linares después que... (Continuará)



(Redactado por Manuel González de Prado para la revista "Edificación Cristiana", Marzo-Abril de 1.978)

lunes, 14 de octubre de 2013

Don Pablo Gómez Sacristán: breve nota biográfica.


El pasado 11 de febrero (1.968) fue promovido a la presencia del Señor nuestro querido hermano y anciano de esta iglesia (Duque de Sesto, Madrid) durante muchos años don Pablo Gómez Sacristán.

El entierro se celebró el día siguiente, teniendo en la casa unos momentos de oración y unas palabras de recuerdo en cuanto a la vida y servicio de don Pablo en la Obra del Señor. En el cementerio hubo oportunidad de un hermoso culto, aunque breve, con un mensaje del Evangelio a cargo de don Juan Solé, siendo en este sentido la partida de nuestro hermano, oportunidad de testimonio en presencia de un gran número de amigos y hermanos en la fe.

Había cumplido ochenta y cinco años y conoció el Evangelio aceptando a Cristo como su Señor y Salvador cuando tenía poco más de veinte años. Era uno de los primeros frutos de esta obra del Señor comenzada por doña Julia Jones quien, en compañía de otras hermanas, había venido de Inglaterra para servir al Señor en España. Fruto de esta obra misionera es esta iglesia en Duque de Sesto y Puente de Vallecas, como también la que se encuentra en Camas (Sevilla).

Don Pablo se convirtió al Señor en su tierra natal Segovia, pero ya en el año 1.903 se encontraba en Madrid y cuando esta iglesia tenía su domicilio en la calle de Valencia, 3. Comprendió que el Señor le llamaba no sólo para llevarle un día al Cielo, sino también para que fuera su testigo en esta tierra sirviéndole fielmente. Así, inmediatamente empezó a testificar de su Señor y contar a todos cuán grandes cosas Dios había hecho con él.

También viajó mucho con los medios de entonces por gran parte de nuestra geografía, llevando valientemente por muchas partes el mensaje del Evangelio. Visitó principalmente las provincias de Ciudad Real, Jaén, Zaragoza, su tierra natal y otras. En muchas ocasiones fue afrentado, perseguido, incluso apedreado, pero no por eso dejó de testificar de su Señor y se sostuvo siempre como viendo al Invisible.

Don Pablo sirvió también al Señor como anciano en esta iglesia (Duque de Sesto) durante muchos años y ha dejado entre nosotros un hermoso ejemplo de fe, constancia y amor. Hasta pocos días antes de ser llevado a la presencia del Señor asistió al culto de comunión. En el último año transcurrido sólo faltó a este culto, a pesar de sus años y achaques, cuatro o cinco veces y fue por causas ajenas a él mismo. El Señor nos ayude en medio de tanta inconstancia e inconsecuencia de nuestros días a seguir el ejemplo de nuestro querido hermano.

Su esposa doña Consuelo ha sido compañera fiel e idónea durante sesenta años y la deseamos desde estas líneas también, la consolación y fortaleza del Señor. Para sus hijos y nietos que puedan disfrutar por andar en los caminos del Señor, del mismo gozo que disfrutó su querido padre hasta el último momento, y estamos seguros que tendrá del Señor su "Ven buen siervo y fiel, entra en el gozo de su Señor".

 

(Publicado en la revista "Edificación Cristiana", marzo-abril 1.968)

martes, 8 de octubre de 2013

D. Fernando Pujol Rosell: nota biográfica de 1.968.



En la sección "Ecos del Campo" incluida en la revista "Edificación Cristiana", número marzo-abril de 1.968) incluyeron un apartado titulado "Conozca a los siervos" donde apareció una breve nota biográfica de D. Fernando Pujol:

"Nuestro hermano se convirtió al Señor a la edad de 23 años, y pronto se destacó por su interés en la obra del Señor y en el estudio de las Sagradas Escrituras. En el año 1.950 fue encomendado a la Obra del Señor por la asamblea de Pinar del Río, asociándose a su encomendación las demás asambleas entonces fundadas en la ciudad condal. Durante muchos años colaboró en la labor de enseñanza bíblica de CURSOS DE ESTUDIO BÍBLICO, además de ayudar en todos los aspectos de la labor en Pinar del Río, entonces una iglesia "joven". Sus dones de enseñador de la Palabra se aprecian y se utilizan entre las Asambleas en general, y no sólo en su ciudad. Durante los años pasados la obra en Pinar del Río se ha visto aumentar hasta llegar a unos 200 miembros en comunión. Los hermanos de la asamblea también desean ampliar sus horizontes por abrir un nuevo local en la voluntad del Señor. Don Fernando se casó con doña Encarnación Fernández, fiel colaboradora en la obra, y tienen tres hijos, Daniel, Raquel y Carlos."